La Perdurable Fascinación de los Monstruos

Los monstruos han estado con nosotros desde el inicio de los tiempos.

Desde el rugir de los Titanes y las ferias de fenómenos de la edad Media hasta nuestros días, las criaturas raras y las bestias de nuestra imaginación han formado parte de nuestras vidas. 

Pero mientras nuestro conocimiento se profundiza, nuestra percepción hacia los monstruos ha cambiado, haciéndolos un reflejo de las fluctuaciones denuestros paradigmas sociales.

De hecho, a pesar de vivir en una era dominada por descubrimientos científicos y tecnología, los monstruos parecen estar más presentes que nunca en nuestra cultura popular.

De acuerdo a un estudio reciente, nos gustan los monstruos por su inteligencia, poderes sobrehumanos, y su habilidad para mostrarnos la otra cara del ser humano, siendo los vampiros los favoritos de las audiencias.

¿De dónde viene nuestra fascinación por los monstruos y por qué es tan perdurable? Y, aún más importante, ¿qué es un monstruo?


De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, un monstruo es: un “ser que presenta anomalías o desviaciones notables respecto a su especie”, un “ser fantástico que causa espanto”, una “persona o cosa muy fea”, una “persona muy cruel y perversa.”

Basados en estas definiciones, deberíamos temer a los monstruos. Y les tememos, pero ¿por qué también nos fascinan?

En su nivel más simple, nos sentimos atraídos por los monstruos porque estamos biológicamente programados para ser curiosos y sentirnos atraídos por la novedad.

El mismo principio que despierta nuestra admiración (actos de valentía, genialidad, jóvenes prodigios, etc.), también está detrás de nuestra fascinación por los fenómenos. Cualquier cosa fuera de lo ordinario nos causa interés.

Sin embargo, a un nivel más profundo, nuestra fascinación por los monstruos requiere variadas explicaciones psicológicas.

Bela Lugosi como Dracula

Por ejemplo, aunque nos sentimos atraídos hacia las extrañas desviaciones de los monstruos fantásticos, usualmente no sentims la misma atracción hacia los monstruos de la vida real, tales como asesinos en serie, terroristas, genocidas, etc. ¿Por qué?

De acuerdo a los psicólogos, necesitamos monstruos de ficción, personificados en criaturas imaginarias, para personificar nuestros miedos en una forma tangible pero no totalmente real. 

Esta desambiguación nos permite tomar una paso atrás, abstraer nuestros miedos, y confrontarlos en un ambiente mental seguro. 

En el ámbito seguro de nuestra imaginación, podemos vencer al monstruo en el clóset, y por medio de la extrapolación también vencer nuestros demonios privados.

A nivel psicológico, los monstruos representan nuestros miedos, reales o imaginarios. Pero con el paso de las eras, aunque la mayoría de nuestros miedos primitivos permanecen sin cambio, nuestros monstruos se han vuelto más y más sofisticados, hasta el punto de volverse invisibles - aunque no por ello menos amenazantes.


Como crituras de la siempre evolucionante imaginación humana, los monstruos cambian con el tiempo para reflejar nuestros miedos actuales y el ambiente en el que estamos.

En la antiguedad, las fuerzas de la naturaleza eran un enigma para el hombre primitivo, y con frecuencia representaban una amenaza para su sobrevivencia. Por ello, no es de sorprender que la mayoría de los monstruos de entonces eran caracterizados como bestias o animales. A través de éstos, el hombre primitio representaba los fenómenos que no podía explicar.

La mayoría de los monstruos antiguos eran monstruos marinos. Un tema conectivo entre culturas, el océano era un territorio vasto y casi sin explorar, lleno de misterio y peligros, muy parecido a lo que el espacio exterior lo es hoy en día, aunque sin el beneficio de los satélites para su exploración.

Así, las aguas profundas fueron pobladas con incontables criaturas nacidas de la imaginación de marineros y mercaderes. 

Hasta bien entrado el siglo XX, los océanos seguían siendo tanto atractivos como amenazantes, una adictiva combinación que sigue presente en nuestra fascinación por los monstruos.


Aunque los dragones se encuentran en el folklor de Asia y Europa, y los vampiros y fantasmas aparecen en diferentes versiones en culturas alrededor del globo, cada cultura ha creado sus monstruos propios. 

Las culturas nórdicas creían en el monstruo marino Kraken, en África encontramos al Kongamato y al Adze. En Asia, monstruos tales como el Kagutsuchi, Homosubi, o el dios Indio Visnú, tienen un orígen divino. Las culturas nativas de América del Norte creen en el Sasquatch (también llamado Pie Grande), y el Chupacabras es un monstruo común del folklor de Amércia Central y el Caribe.

Los antiguos griegos fueron la principal influencia en la cultura occidental, y su amplio catálogo de monstruos mitológicos sobrevive hasta hoy en día, con Tifón como padre de todos los monstruos, y Equidna como madre de los mismos.

Muchas de las criaturas que pueblan la mitología griega, tales como la Górgona (Medusa), fueron humanos que ofendieron a los dioses y fueron transformados en monstruos en castigo divino. 

Otros, como el Minotauro o los Cíclopes, son engendros nacidos de los errores de los dioses. Un tercer grupo, conformado por centauros, sirenas, faunos, etc., son criaturas de la imaginación destinadas a representar las fuerzas benignas de la naturaleza. 

Desde la antiguedad hasta bien entrado el renacimiento, estas criaturas permanecieron en la consciencia colectiva, pasando de generación en generación, e incluso adornando nuestro cielo.


Los monstruos en este punto eran muy simples: representaban el mal. Matar a un monstruo representaba una victoria para la fuerza, valentía e inteligencia humana sobre el mal - el monstruo es vencido y el bien es restablecido.

La Era de los Descubrimientos, con los viajes de Cristóbal Colón, Magallanes, y Marco Polo, trajo consigo una nueva variedad de monstruos fantásticos, los cuales capturaron la imaginación de los crédulos e impresionables.

Así encontramos a los Blemmyae, (raza de hombres peludos sin cabeza, y con rostros en el pecho), los Sciopodes (una raza de hombres de una sola pierna), y los Cynocephali (hombres con cabeza de perro), por nombrar sólo algunos. 


Detrás del aspecto fantástico de éstas criaturas, los monstruos servían un propósito educativo, representando una advertencia de algún tipo.

Durante el Renacimiento y bien entrado el siglo XIX, los cuentos de Perrault y los hermanos Grimm - recolectados de las creencias populares-, incluían a brujas y bestias en roles que advertían a su audiencia de todo tipo de males y peligros.

De manera similar, el popular personaje de el Cuco puede ser rastreado hasta la Edad Media, no como un personaje de cuentos, sino como verdaderos hombres y mujeres dedicados al tráfico de niños (similar al personaje de Fagging, en “Oliver Twist”.)      
  
Con el resurgimiento de la ciencia durante la era de la Ilustración, y su rápido desarrollo durante la Revolución Industrial, muchos de los antiguos monstruos fueron descartados y olvidados. Pero así como éstos desaparecieron, otros monstruos nuevos vinieron a tomar su lugar para representar los temores de la nueva era.

La mayoría de los monstruos con los que estamos familiarizados hoy en día surgieron durante la era victoriana. El primero de ellos, Frankenstein, fue tanto una criatura de su época como la creación de Mary Shelley.

El monstruo creado por el doctor Frankenstein personificaba los temas más álgidos de la época: descubrimiento científico, ambición humana, control sobre la naturaleza más allá de los que es considerado ‘natural’.

Temas todos que siguen estando vigente aún hoy en día.

Frankenstei se convirtió en el ícono del monstruo moderno, una historia aleccionadora que ha suscitado interminables lecturas psicológicas hasta el día de hoy.


Aunque por miles de años los vampiros fueron comúnes en varias culturas alrededor del mundo, fue sólo luego que Bram Stocker publicó “Drácula” que se convirtieron en una figura familiar.

Lo mismo es cierto para las momias. 

Aunque las momias han sido encontradas en varios continentes, y las historias sobre sus maldiciones han rondado por siglos, fue solo luego del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón por Howard Carter en 1923 que dio inicio a la historia de La Momia tal como la conocemos.
 
Brujas, actividad paranormal, fantasmas y espíritus - todos estos fueron estudiados e investigados ampliamente por los victorianos, fascinados por la muerte, como resabio del movimiento Romántico.

Por ésta época, la psicología daba sus primeros pasos como una ciencia establecida. El psicoanálisis de Freud y sus teorías revolucionaron al mundo, iniciando una locura de temores ocultos y dobles sentidos, con frecuencia capitalizados por escritores de historias de terror.

Según las nuevas teorías Freudianas, algunos monstruos se relacionan directamente con las ansiedades adolescentes de la pubertad y los miedos sexuales, un aspecto explorado implícitamente en la mayoría de la literatura gótica victoriana, y en la obras de autores contemporáneos, como Angela Carter.

No es de extrañar que los monstruos provoquen una particular fascinación durante la pubertad. 

Los cambios físicos y la apariencia temporalmente extraña, los cambios bruscos de humor, los desbalances hormonales - todos éstos y más encuentran su representación en monstruos de todo tipo.

Los adolescentes también se identifican con las criaturas extrañas porque pueden sentirse extraños, incomprendidos, dejados de lado.

Una fascinación que ha sido capitalizada por creadores de tebeos y escritores de novelas para jóvenes de todo el mundo, con éxito considerable.


Los monstruos animales tales como King Kong, el tiburón blanco, o Godzila, usualmente personifican las fuerzas de la naturaleza. 

Pero mientras Godzila o el tiburón blanco no pueden ser vencidos, King Kong representa la fuerza de la naturaleza domada por la bondad humana, un tema centenario ya representado en los Tapices del Unicornio del siglo XVI, y repetido en La Bella y la Bestia.

Esta última parace haber sido inspirada por la vida verdadera de Petrus Gonsalvus, un hombre nacido en 1537 con hipertricosis lanuginosa, una condición en la cual los folículos hiperactivos le dan a la piel el aspecto de pelambre animal. 

Gonsalvus llegó como una curiosidad a la corte Francesa, y luego desposó a Catherine, una dama de compañía de Catalina di Médici. 

A pesar de la curiosidad morbosa de la masa, quienes esperaban que se comportara como una bestia, Gonsalvus era un hombre inteligente y de buen carácter, que pronto aprendió todas las habilidades demandadas en las cortes de Francia e Italia, y nunca dió problema alguno.

Petrus Gonsalvus y su esposa Catherine 

Un caso similar es el del llamado Hombre Elefante, el inglés Joseph Merrick, quien sufría del síndrome Proteus, un desórden genético raro que causa crecimiento excesivo de tejido. 

Tal como Gonsalvus, Merrick era un hombre tranquilo, diametralmente opuesto a lo que un ‘monstruo’ debería ser, y sin embargo condenado a esa condición debido a su aspecto.

Estas y otras historias similares, gatillaron el concepto del monstruo ‘incomprendido’: criaturas de aspecto horrible que escondían un carácter gentil.

Otros monstruos incomprendidos famosos incluyen al Jorobado de Notre Dame, y el Fantasma de la Ópera. A pesar de su aspecto aterrador, éstos también demostraban gentileza y humanidad, y por ello merecían nuestra compasión en su sufrimiento. 

Pero incluso entonces, los escritores Víctor Hugo y Gastón Leroux añadieron un final aleccionador a sus historias, recordándonos que los monstruos poseen una naturaleza salvaje y descontrolada. 

Así, el jorobado y el Fantasma terminan pagando por sus crímenes, encontrando eventual redención a través de su castigo.


Al tiempo que la psicología se desarrollaba y expandía como ciencia, un nuevo tipo de monstruo más sofisticado tomaba forma - el monstruo psicológico.

Dos de los monstruos más intrigantes de éste tipo surgieron en la literatura victoriana, en la forma de dos respetables caballeros de irreprochable aspecto: el doctor Jekyll, y Dorian Gray. 

Detrás de sus fachadas de perfección, ambos personajes ocultaban siniestros secretos de perversión, y al final ambos terminaron pagando con sus vidas. 

Además de ser una crítica social a la hipocresía de su era, tanto el doctor Jekyll como Dorian Gray llevan la semilla del monstruo moderno, uno cuyo exterior luce normal pero lleva toda clase de maldad y deformidades dentro, fuera de vista. 

Un concepto innovador surgido de uno de los monstruos reales más notorios de todas las épocas: Jack el destripador.

Tan invisible como la maldad de Dorian y el doctor Jekyll, muchos de los detalles espantosos en las historias de horror gótico son dejados a la imaginación del lector, un aspecto replicado en sus adaptaciones fílmicas tempranas.


Lo que no se ve y lo desconocido son elementos psicológicos fundamentales del terror a través de las eras, dado que una amenaza latente pero invisible es más amenazante, y su permanencia en el tiempo causa pánico.

Mientras la ciencia progresa y los antiguos mitos son olvidados, nos aparta de las figuras de monstruos tradicionales, y nuestros miedos evolucionan hacia otras representaciones: las criaturas bestiales y primitivas personificando las fuerzas de la naturaleza (King Kong, Godzilla, los gusanos de “Duna”), lo inexplicable (La cosa, Chucky, Annabelle), los monstruos humanos (Michael Myers, el guasón, Freddy Krugger), el monstruo invisible (El hombre invisible, El resplandor), el futuro y la tecnología (HAL, Terminator).  

Entre todas las criaturas de horrot, las brujas presentan un interesante caso de estudio, mostrando la transformación de nuestro concepto de monstruos a través del tiempo.
 
Aunque no exactamente categorizadas como ‘monstruos’, durante siglos las brujas estuvieron entre las criaturas de horror más temidas del folklore hasta comienzos del siglo XX. 

El avance de la ciencia durante la Segunda Guerra Mundial terminó por desmentir la mayoría de los mitos de horror, incluyendo las brujas y sus supuestos poderes.
 
En 1954, Wendy (‘la brujita buena’) hizo su primera aparición como amiga de Gasparín, ‘el fantasma amigable’. 

Durante los años 60, las ideas revolucionarias barrieron con los conceptos sociales y los roles tradicionales. Esto, junto con el movimiento feminista, terminó por eliminar los últimos trazos amenazadores de las brujas, convirtiéndose en cambio en figuras de emancipación femenina.

En 1974, las brujas ganaron más espacio en el ámbito de los libros infantiles con la primera escuela para brujos y brujas en “La Peor Bruja”, de Jill Murphy, un predecesor de “Harry Potter”.


Los años 60 fueron una época de cambios y revolución en la cual muchos de los paradaigmas aceptados hasta entonces cambiaron, y en la cual grupos sociales comenzaron a exigir un fin a la segregación, más igualdad, integración, y tolerancia a las minorías. 

No es coincidencia que durante ésta época los monstruos se hicieron más amigables que nunca, cambiando de las maléficas criaturas de sus orígenes a los íconos de la cultura popular que conocemos hoy en día.

La Familia Addams, Los Munsters

Para los años 70, la figura de los monstruos tradicionales se convirtió en algo tan benigno que incluso hallaron espacio en el popular programa de televisión para pre-escolares, “Plaza Sésamo”. 

En años recientes, la industria del entretenimiento ha hecho una fiesta con los monstruos, sirviendo nuestra interminable fascinación desde edades más tempranas, con especímenes cada vez más dulces.


En la última década, el concepto de ‘monstruo incomprendido’ ha ganado espacio, liderado por nuevas teorías y conceptos psicológicos. 

Al mismo tiempo, creadores como Tim Burton y Guillermo del Toro han entregado a las audiencias una nueva generación de monstruos queribles, tales como Beetlejuice, Edward Scissorhands, Jack Skellington, y Hellboy, una tendencia aunada por el éxito de producciones como Wicked, y La Tiendita de los Horrores. 

Los monstruos hoy en día van a la secundaria y la universidad, van al trabajo, pasan sus vacaciones en Transilvania, y se relacionan con niños humanos a plena luz del día. 

Los niños ya no temen a los monstruos tradicionales, y en cambio los ven como personajes geniales para seguir y hasta emular.


Parte de éste discurso nace del concepto de integración. Está bien ser diferente. Ser diferente no te hace un ‘raro’ o un ‘fenómeno’.

Si bien éste es un valioso mensaje en una época cuando los niños de todo el mundo sufren de terribles casos de bullying, ostracismo, y discriminación, y cuando diferencias tales como la raza, la nacionalidad, o la discapacidad son allanadas y en muchos casos ignoradas, también es peligrosamente naïve creer que todos los monstruos son simplemente criaturas incomprendidas y buenos en el fondo de su corazón.

Existe una razón moral para la existencia de los monstruos - para recordarnos que el mal existe, y que ningún nivel de ‘comprensión’ puede tornar en bien el mal.


Además, a un nivel psicológico, ésta negación elimina un propósito fundamental de los monstruos ‘ ayudarnos a confrontar nuestros miedos, aceptar que el peligro y los males son parte de la vida, y hacer frente a nuestros propios demonios.

En su libro, “Haunted: On Ghosts, Witches, Vampires, Zombies and Other Monsters of the Natural and Supernatural Worlds”, Leo Braudy cataloga a los monstruos en cuatro ‘provincias’, cada una con su propia explicación particular:

-El Monstruo de la Naturaleza (King Kong) - surge en respuesta, a veces en venganza, a un ambiente natural hostil. 
-El Monstruo Creado (Frankenstein) - surge de nuestros miedos a la ambición humana sin límites y a la tecnología que creamos.
-El Monstruo de Adentro (Mr. Hyde) - surge de los temores de nuestros impulsos reprimidos.
-El Monstruo del Pasado (Dracula) - surge de nuestros miedos de la permanencia en el tiempo (queremos ser inmortales).

Siguiendo éstos cánones, podemos hallar explicación a nuestra atracción por varios monstruos.

El hombre invisible refleja nuetro temor de ser invisible en sociedad, pero también de desatar nuestro yo escondido de las ataduras de la ley. Ser invisible nos da la libertad de salirnos con la nuestra y no ser atrapados, un rol similar al de los hackers en la red oscura.

Nuestra fascinación con las historias de fantasmas pueden surgir de nuestros miedos hacia la muerte, pero tambien apunta hacia nuestra esperanza en la vida después de la muerte y en la permanencia del espíritu. 

Los hombres lobo se relacionan con nuestros impulsos primitivos, la llamada ‘bestia salvaje’ de nuestro yo interior, con frecuencia asociados a los hombres debido a la testosterona. Esto explica en parte por qué la preferencia por ésta criatura es más prevalente en hombres jóvenes que en mujeres.


Los temas mágicos, tales como brujas y brujos, se refieren al auto-control (controlar nuestros ‘poderes’), y a alcanzar las cosas que queremos.

Los muñecos y los payasos son dos tipos de monstruo comunes en tiempos modernos. La contradicción entre la inocencia infantil y la perversión que se esconde detrás desata la más profunda repelencia en la audiencia, a veces llegando al punto de desarrollar fobias.

Los Monstruos morales - tales como Hannibal Lecter, el Guasón, Dexter, etc. - son el tipo de monstruo más oscuro dado que, a diferencia de otros tipos, no permiten posibilidad alguna de redención. Éstos representan el abismo más oscuro de desesperación y maldad en forma humana. 

En años receintes, las películas e historias de horror se han vuelto cada vez más gráficas, en respuesta a una escalada de violencia en todo el globo. 

Además, los conceptos aprobados socialmente de ‘bueno’ y ‘malo’ se han difuminado, así como nuestro concepto de lo que hace a un monstruo.

Sin embargo, algunos psicólogos advierten que una fuerte atracción hacia, o una identificación con los monstruos morales, deben levantar la alarma como un indicador de posibles tendencias psicópatas.


Todo ésto nos hace preguntarnos, ¿por qué nos gusta asustarnos?

Los psicólogos explican que en las películas de monstruos solemos asumir el rol del héroe o heroína. Esto nos hace sentir fuertes, en control, invencibles. Así, ver películas de horror alienta nuestra auto-estima, inspira nuestra valentía, y nos hace sentir bien de nosotros mismos.

Los monstruos nos dicen más sobre nosotros mismos de lo que pensamos.

Los monstruos reflejan el lado escondido de la humanidad. Por ésta razón, siempre estarán ahí, invisibles hasta ser caracterizados, acechando en la oscuridad, como un recordatorio permanente de nuestras imperfecciones humanas, para ser controlados, estudiados y comprendidos.

Es Interesante...

¿Intrigado sobre los monstruos psicológicos? Basada en el libro homómino de Patrick Ness, la película “Un Monstruo Llama” presenta una interesante visión acerca de un monstruo a través de los ojos de un niño lidiando con una profunda crisis. 

Una historia que nos llama a reflexionar acerca del significado de los monstruos, y de cómo éstos están más cerca de lo que pensamos.


Para saber Más...

* ¿Quieren saber más acerca del orígen de los monstruos y su significado? Lean éste interesante artículo del psicólogo y profesor universitario, Bill Sullivan (sólo en inglés):

* ¿Quieren saber más sobre los monstruos de la mitología griega? Visiten ésta página web, con una completa lista de criaturas míticas:  https://greekgodsandgoddesses.net/creatures


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Fuentes: Wikipedia, Psychology Today, BBC, Universidad Veracruzana de Mexico, Difundir.org, GreekGodsAndGodesses.net, MentalFloss.com, “Ghosts of the Mind: The Supernatural and Madness in Victorian Gothic Literature”, thesis by Stephanie F. Craig (2012), “Haunted: On Ghosts, Witches, Vampires, Zombies, and Other Monsters of the Natural and Supernatural Worlds” book by Leo Braudy.  


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